Jonathan Rodriguez Galeas' Obituary
En memoria en quien vida fue Jonathan Rodriguez-Galeas
Jonathan Rodríguez-Galeas nació un domingo, como si desde el inicio
su vida estuviera marcada por reunir a la familia. Vio la luz por primera vez
el 23 de julio de 1967 en La Unión, El Salvador, y partió de este mundo el
miércoles 28 de enero, rodeado del amor que sembró a lo largo de 58 años,
tras una valiente batalla contra el cáncer pulmonar en etapa 4.
Hijo de Ezequiel Rodríguez y Simona Galeas, Jonathan creció entre
risas, tierra, el río Goascoran y lo mas importante, su familia. Junto a sus
hermanos José Isaías, Ezequias y Egla Abib, aprendió temprano que la vida
se vive con trabajo, humor y corazón.
Amó el fútbol, nadar en el río Goascorán, y pasar los días ayudando a
sus abuelos en la crianza de ganado de su hacienda, donde se formó su
carácter fuerte y noble. Tenía un cariño especial por los niños; no podía ver
uno sin regalarle una sonrisa… y, por supuesto, un jalón de cachetes, su sello
inconfundible de afecto. Y un gesto que reflejaba su espíritu juguetón y
afectuoso.
En 1982, con apenas 15 años, la realidad política de su país lo empujó a
emprender una travesía valiente hacia los Estados Unidos, cargando sueños
más grandes que su equipaje.
Comenzó su camino laboral desde joven en la panadería Allegro, donde
aprendió que el esfuerzo abre puertas. Y vaya que las abrió: Jonathan nunca
dejó pasar una oportunidad y siempre supo escalar con dignidad, constancia y
carácter.
Corría el año 1985, cuando la música no se descargaba, se rebobinaba.
Jonathan hacía paradas obligatorias en lo que la familia recuerda con una
sonrisa: el famoso apartamento 610 de los primos, oficialmente conocido
como “la biblioteca musical no autorizada del barrio”. De ahí salían los
cassettes, las canciones favoritas y las melodías con las que, sin saberlo, iba
ensayando el arte de conquistar corazones.
Fiel a sus raíces, regresó a El Salvador a los 28 años, donde conoció al
amor de su vida. Junto a su esposa Carmen Elena Urbina, formó el tesoro
más grande que jamás imaginó: sus hijas. Para Jonathan, ser padre no fue un
rol, fue su misión.
Le sobreviven su amada esposa y sus hijas Natalie Grecia, Breni
Dahren, Danelis del Carmen y Milena Mayreli, quienes fueron su orgullo, su
alegría y su razón. Le precede en la muerte su madre, Simona Galeas.
Jonathan fue un esposo fiel, padre ejemplar, hermano leal e hijo devoto.
Amante de la vieja escuela, del humor sencillo y de los valores firmes, vivió
una vida centrada en la familia, donde el amor siempre tuvo la última palabra.
Siempre amado. Profundamente extrañado. Eternamente presente en cada
recuerdo, cada risa y cada canción que aún suena.
Será recordado por su risa sincera. Su presencia dejó huellas profundas
en quienes lo conocieron. Aunque hoy, su presencia duele, su legado vive en
cada recuerdo compartido, en cada valor transmitido y el amor que seguirá
guiando a su familia por generaciones.
What’s your fondest memory of Jonathan?
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How did Jonathan make you smile?

